Y todos, entonces, elevan la voz, cantan y juran con gloria morir
Llueve. Ni mucho ni poco: llueve. Moja, está húmedo, truena. Faltan unos diez minutos para que sea dos de abril y acá, con paraguas, juntos, hay diez hombres que, mientras esperan que pasen esos diez minutos, conversan. Hay, también, algunos familiares y una pareja conocida para esos hombres. Están frente a la rotonda de los bulevares España y Vélez Sarsfield, bajo el Monumento Héroes de Malvinas, en Villa María. Ellos, los diez, son excombatientes y este año no pudieron reunirse para hacer la vigilia unas horas antes, como estaba previsto, por el clima. La Municipalidad comunicó la suspensión de la vigilia en sus redes sociales, pero no informó que los veteranos irían. Y los veteranos, ahora, unas horas después, están reunidos para cantar el Himno Nacional Argentino.
Cuando queda cada vez menos para que sea medianoche, se acerca otra pareja: ella con paraguas, él también y sostiene un niño en brazos.
Cuando se hacen las doce, en el parlante que ha llevado uno de los excombatientes, comienza a sonar el himno y todos, entonces, bajo el monumento, elevan la voz, cantan, juran con gloria morir.
—¡Viva la patria! —grita uno.
—¡Viva! —gritan los demás.
Cuando terminan, aplauden. Bajo la lluvia, durante un rato más, siguen conversando y, mientras conversan, la pareja, desconocida para todos los que están ahí, se da vuelta y se aleja, caminando. Uno de los excombatientes, que quizás se ha estado preguntado quiénes son, pregunta.
—¿Ustedes son familiares de alguien?
La pareja se frena, se da vuelta.
—No, somos vecinos —dicen.
El veterano que está más cerca de la pareja junta las manos: es un gesto de gratitud, de respeto, de reverencia casi.
—Gracias por venir —dice y pide un aplauso para la pareja.
Fueron setenta y cuatro días de guerra, entre el dos de abril de 1982 y el 14 de junio. Seiscientos cuarenta y nueve soldados y oficiales argentinos murieron en combate: dos de ellos eran de Villa María.
Al día siguiente, cuando ya se haya celebrado bajo ese mismo monumento por la mañana un acto protocolar oficial y hayan estado quienes no estuvieron antes hablando con las palabras oficiales, yo seguiré pensando en los diez, en la medianoche y la lluvia y el himno, en la pareja, seguiré pensando en la posibilidad de que muchos en esta ciudad, donde existe un Museo Municipal de Malvinas y donde el Municipio organiza la vigilia en conjunto con los excombatientes, no hayan sabido —porque el Estado no lo comunicó— que un grupo de excombatientes se iba a reunir a cantar el himno. Seguiré pensando por qué no se supo. Había razones, a cuarenta y cuatro años.
Seguiré pensando que la noche terminó así: con ellos, con cada uno, con todos mirando a la pareja, agradeciéndole a la pareja, aplaudiéndola por haberlos acompañado.
Hoy, yo, mientras escribo esto, les digo:
Disculpen. Gracias. A ustedes.
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