¿Y qué hacen los trabajadores que quieren estudiar?
«Trabajo, tengo familia, responsabilidades y aún así elijo estudiar; no porque me sobre el tiempo, sino porque quiero formarme, tener un futuro en la docencia», escribe un alumno. Él es alumno del Instituto de Educación Superior del Centro de la República “Dr. Ángel Diego Márquez” (IESCER), el primer terciario —fundado en mayo de 1987— en ofrecer tecnicaturas en Villa María.
Él, el alumno, como los demás alumnos, no comenzó las clases este lunes 16 de marzo como estaba previsto porque los horarios de las materias a las que se había inscripto fueron modificados. Él eligió al IESCER porque es un instituto que piensa en alumnos como él, que lo describe así: «(…) llegamos tarde, cansados, después de trabajar, con ganas». Está hablando de estudiantes que trabajan, que tienen familia, que viajan desde pueblos de la región.
Cuando se anotaron, estaban conformes, llegaban bien con los tiempos. La mayoría de los días comenzaban a cursar a las cinco de la tarde. Días antes del inicio de las clases se encontraron con que comenzaban mucho antes: a las dos y veinte.
Durante la mañana de este martes 17 de marzo había incertidumbre: ingresantes que dudaron y alumnos que, próximos a terminar sus carreras, pensaron si podrían terminarla en estas condiciones. Mientras, se envió una carta a Ana Carola Rodríguez Torres, inspectora de Nivel Superior, en la que chicos y chicas le recordaron, por ejemplo, que el horario vespertino del terciario es el que les ha permitido «compatibilizar la formación docente con las responsabilidades laborales y familiares», en la que le hablaron del temor a abandonar, después de dos o tres años, una trayectoria académica y en la que le mencionaron el riesgo de que se vacíen las carreras. Entonces, con las horas, por la tarde se organizó una reunión con alumnos. Cuando terminó esa reunión, los directivos y los profesores también se reunieron. A los estudiantes les dijeron que esperen y que, más tardar por la noche, tendrían los horarios definitivos. A las nueve y media de la noche los tuvieron: los cambios no son demasiados. Casi siempre comenzarán antes de las cinco e, incluso, de las cuatro.
Él, el alumno, sigue escribiendo: «Temo por el futuro del terciario». Y también escribe esto: «Siento que se está corriendo el límite de quién puede estudiar y quién no. Cuando estudiar depende de tener todo el tiempo disponible deja de ser un derecho y pasa a ser un privilegio».
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