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Uno de los detenidos le había pedido a los demás que devolvieran las cosas antes de irse del hotel

Ocurrió mientras personal del Hotel República les exigía los elementos robados. Algunos de los hombres arrestados tendrían antecedentes.

A las diez y media de la noche del jueves, ellos estacionan los autos, un Ford Ka y un Peugeot 208, en la cochera del Hotel República, en calle 9 de Julio 58, en el centro de Villa María. De uno de los autos se bajan cuatro hombres y del otro, tres. Los siete entran al hotel y son recibidos en conserjería. Llevan varios bolsos. Pagan y suben a las habitaciones: se distribuyen en tres piezas dobles y en una individual. Esa noche será una noche tranquila. 

Cuando amanece y ya es viernes, del grupo de siete hombres, solo cuatro salen de las habitaciones a desayunar en el hotel. Los otros salen un rato después y no desayunan: uno va a la cochera, se sube a uno de los autos y lo estaciona frente al hotel. En ese auto, pronto, se irán esos tres. Son las nueve y media de la mañana y, mientras tanto, una mucama hace lo suyo: revisa las habitaciones que desocuparon. Ella ve lo que falta: un secador de pelo —de los cableados y montados a la pared—, un espejo de maquillaje redondo y tres pies de cama. La única habitación intacta es la individual. Ella le avisa al conserje que, rápido, le avisa al encargado del hotel. En el hall siguen los cuatro que desayunaron. Los demás ya se fueron.

 

Todavía hay mucho movimiento; anoche se alojaron cuarenta personas, en treinta habitaciones. 

 

El encargado, el conserje y un hombre que hace las tareas de mantenimiento se acercan a los cuatro e intentan conversar. Les piden que devuelvan las cosas. Les insisten. «Nosotros no tenemos nada, nosotros no fuimos, no sabemos nada», contestan los cuatro y parecen apurados, tienen la mirada esquiva, quieren irse. La gente que está alrededor quizá imagina que está pasando algo porque la charla, en el hall, ahora es una discusión, y algunos levantan la voz. La discusión se traslada a la vereda y los cuatro, a cada rato, dicen que no tienen nada que ver con el robo hasta que, en un momento, uno saca el espejo y lo devuelve. El conserje y el de mantenimiento siguen pidiéndoles las demás cosas, pero no hay manera. El encargado vuelve a entrar al hotel. En eso, el auto en el que se habían ido los tres, regresa. Se baja uno de los hombres, el que durmió solo, y le habla al grupo de cuatro. «Solucionen todo esto ustedes», dice y ninguno dice ni hace nada. Se quedan mirándose. Luego, cuando ya es evidente que no entregarán las cosas, se van: los dejan irse.

 

Lo que no saben es que el encargado, cuando había vuelto a entrar al hotel, llamó a la Policía.

 

A las once y media de la mañana, en bulevar Alvear 400, entre San Luis y Tucumán, a unas cinco cuadras del hotel, policías los detienen por robo en flagrancia. El mayor tiene 38 años y le siguen uno de 32, dos de 30, dos de 26 y uno de 24. Se llaman Julián Quiñones, Pablo Olivera, Mauro Torres Paz, Matías Petrone, Lucas Niz, Matías Quiroz y Ulises D’Esposito Gálvez, y son de los partidos bonaerenses de Tigre y Lomas de Zamora. Los policías secuestran los autos y recuperan el secador de pelo. Los pies de cama, aún no aparecen.

 

Alguien que está en el bulevar, cuando arrestan a los hombres, escucha a uno de ellos. Es el que había regresado al hotel y dicho: «Solucionen todo esto ustedes». Ahora, cuando se los están por llevar esposados, él les vuelve a hablar. «Ya me la van a pagar», les dice.

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