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Trabajadores de la clínica Fusavim denuncian que cobran su salario hasta en cuatro cuotas

La situación se agravó en los últimos meses. El personal exige que les paguen julio y el aguinaldo.

En la clínica Fusavim Privada, ubicada en Chile 64, trabajan unas cincuenta personas. Hay médicos, enfermeras, farmacéuticos, instrumentadores quirúrgicos, personal de maestranza, recepcionistas, administrativos. Si bien todos siguen haciendo su trabajo, este mes solo les pagaron entre 300 y 500 mil pesos del total del sueldo. Y están cansados: viven sin saber, con certeza, cuándo van a cobrar.

Según cuentan los trabajadores, los pagos empezaron a fragmentarse a fines de 2023. Primero les informaron que los sueldos se pagarían en dos veces. La situación se agravó en los últimos meses cuando los salarios comenzaron a abonarse en tres cuotas y, el mes pasado, en cuatro, con entregas de 300 mil pesos. “Nos tiraban 300 mil pesos el 16, 300 mil pesos el 20 y así”, comentaron. Este mes les pagaron una parte el 2, pero aún no cobraron más del 60 por ciento de su salario. Les dijeron que el resto estará el 24 y que el aguinaldo se abonará parcialmente ahora y el resto sin fecha confirmada. No todos están en la misma situación: los médicos, por ejemplo, cobran con 60 días de demora.

 “No somos escuchados, no somos vistos. Somos un nadie ahí adentro”, dicen. Aunque todos están en blanco —registrados formalmente— y en sus recibos figura que cobran del 1 al 5 de cada mes, no cobran y pueden pasar días hasta que alguien responda un mensaje cuando preguntan. No se sintieron escuchados por el gremio Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) y cuando fueron al Ministerio de Trabajo, nadie los ayudó. Ya no saben qué hacer. Hace poco, a una empleada que reclamó por su salario, la suspendieron entre tres y cuatro días sin goce de sueldo. “Todos tienen miedo, todos tienen miedo de quedarse sin trabajo, los amenazan, si alguien se queja los suspenden, nadie quiere hacer nada”, aseguraron los trabajadores.

La falta de pago no es el único problema: arrastran otras situaciones. Denuncian que no tienen cobertura de mutual. Aunque son trabajadores de la salud registrados, la obra social suele estar cortada. Sienten estrés por no poder pagar sus cuentas, por tener que pagar todo con intereses al no recibir a tiempo el dinero que les corresponde, porque compañeros renuncian por falta de pago. Viven en la incertidumbre de no saber cuándo van a cobrar, sin información clara ni diálogo con la empresa. A eso se suman las exigencias laborales y la sobrecarga: además de atender pacientes de Villa María y la zona, reciben también pacientes de PAMI derivados desde Marcos Juárez. La mayoría son madres y padres, con hijos a cargo. “En medio de la desesperación hacemos esto para ver si por lo menos algo cambia y pueden mejorar el pago; aunque sea pagarnos antes del diez”, dijo una trabajadora. Y agregó: “¿Qué hacés con 500 mil pesos?”.

El mes pasado, en una reunión con el personal, el socio mayoritario de la clínica, el doctor Víctor Arnut, les pidió a los trabajadores que tuvieran paciencia, que fueran comprensivos. La otra parte de la propiedad de la empresa está en manos del doctor Hugo Ledesma. Ambos son quienes deciden que la clínica funcione en estas condiciones. “Ellos se siguen llenando los bolsillos y nosotros vamos a laburar todos los días”, cuestionó el personal que solo quiere cobrar por su trabajo.

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