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Que llegue el final, que llegue como sea, que llegue ya

Un gol —estar ganando por un gol— es peligroso porque convence rápido: tranquiliza. Y rápido puede inquietar, también. Argentina venció por 3 a 2 a Cabo Verde y está en octavos de final del Mundial. Muchos se reunieron en el Café Argentino, en pleno centro de Villa María, a mirar el partido.

—¿Con quién vino? —pregunta la moza.

—Solo —dice él, un hombre de unos cuarenta y pico.

Todavía no comenzó el partido entre Argentina y Cabo Verde, por los dieciseisavos de final del Mundial, pero falta poco y este bar está casi lleno. Los que llegan solos o de a dos pueden hacer dos cosas: compartir mesa o irse. La mayoría no tiene problema y elige a otros dos desconocidos que tampoco tienen problema. ¿Quién puede tener algún problema si, de algún modo, mientras se juegue el partido, en este bar todos estarán al mismo tiempo solos y juntos?

Son casi las siete de la tarde del viernes 3 de julio y las mozas, todas con camisetas argentinas, sirven mucho más café que cerveza. Hay dos perros que buscan un rincón para echarse. Los jugadores ya están entrando a la cancha y varios, acá, los aplauden mientras miran alguno de los ocho televisores que rodean el bar.

—Egipto le ganó a Australia por penales —dice un hombre de poco pelo que viene siempre a este bar, al que esta vez llegó tarde porque demoró cargando combustible.

Argentina, que será en unos días el rival de Egipto en ocatvos de final, aún no lo es y para que lo sea habrá que esperar los noventa minutos reglamentarios y la media hora de prórroga. Habrá que entender, a medida que avance el tiempo y quede menos tiempo, que nada es cuestión de tiempo y todo es cuestión de tiempo. Habrá que entender que el tiempo podría no haber sido suficiente, aunque lo fue. Habrá que estar dispuesto a entender que hacer un gol no significa demasiado. Un gol —estar ganando por un gol— es peligroso porque convence rápido: tranquiliza. Y rápido puede inquietar, también.

 

La inquietud se intenta controlar en el entretiempo. Muy pocos fuman. Los demás piden algo más para tomar y comer, mientras conversan. Durante lo que quede por jugar, nadie volverá a estar en calma o al menos eso será lo que parece. Tal vez todos —cuando los equipos estén empatados en dos— estén pensando en que ya es inevitable y vendrán los penales. Y no vendrán. No llegará ese momento. Antes habrá un gol en contra de Cabo Verde, casi al final de la prórroga y no importará si alguien estaba intentando entender algo. Quizá no haya que entender nada. Quizá sea mejor eso: esperar que llegue el final, que llegue como sea, que llegue ya. Basta, por hoy.

 

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