La víctima alcanzó a decir el nombre de “Johana” antes de morir
Jessica Núñez intenta seguir, avanza, camina un poco más y cae a metros del Puente Negro, en el barrio La Floresta de la ciudad de Villa Nueva. Alguien que pasa cerca, se arrima y ve sangre. Tiene al menos una herida en la zona del pecho. Entonces, llama al 911 y avisa. Ahora tiene que esperar que lleguen los policías que, cuando llegan con personal de emergencias, intentan hablar con la mujer, que se desangra.
—Johana —le dice la mujer a uno de los policías.
Ese nombre y, quizás alguna otra palabra, es lo último que va a decir Jessica Núñez. Después, a pesar de que llega en ambulancia hasta el Hospital Pasteur, es tarde. Muere.
Es la madrugada del jueves 13 de agosto y los policías, que ya tienen un nombre —Johana—, empiezan a buscar y preguntar, mientras siguen los rastros de sangre.
Las preguntas y la sangre los llevan a calle San Luis, entre Mendoza y Misiones. La casa tiene fachada amarilla y los policías entran. Se ve poco, la casa no tiene luz. Johana —cuyo nombre completo es Johana Mailén Rogero—, tiene veintidós años y está en la cama con su novio. Quizá todavía duerme o quizá, como siente ruidos, se despierta. Queda detenida por homicidio simple. En la cama, debajo de la almohada está el cuchillo, tipo carnicero, con manchas de sangre.
En la casa, además, anda su padre. Se llama Cristian Oscar Rogero, tiene cuarenta y cuatro años y algunas condenas. En 2016, cuando trabajaba como cadete, recibió una pena de tres años por golpear a su pareja y en 2020 recibió otra por vender droga y volvió a la cárcel. Él también queda detenido y lo acusan de ser partícipe necesario de homicidio simple.
A media mañana, además de los policías están los bomberos que llegaron con un generador para iluminar la casa y permitirle al personal de la Científica que haga las pericias. Mientras tanto, grupos de vecinos se acercan, miran, conversan poco. En el barrio se habla de los «piperos»: de los que se juntan a fumar paco.
Pasadas las once, hija y padre son subidos a los móviles de la Policía y llevados a la comisaría. Unas horas después, no queda nadie: los vecinos se meten a sus casas, los comerciantes siguen trabajando, los periodistas se van.
Unas horas más tarde, se empiezan a decir algunas cosas. Por ejemplo, que el asesinato fue en la calle. Por ejemplo, que el padre de Johana sostuvo a la víctima para que su hija la apuñale. Por ejemplo, que el padre, en realidad, intentó separarlas. Por ejemplo, que la víctima solía ir a la casa de los Rogero. Por ejemplo, que esto pasa cuando hay droga. Y con las horas, se siguen diciendo más cosas. Por ejemplo, que fue un crimen de odio. Por ejemplo, que no fue un crimen de odio. Por ejemplo, que la Justicia debe investigar con perspectiva de género porque Jessica Núñez era una mujer trans y las mujeres trans mueren —o son asesinadas— antes de cumplir cincuenta años.
Jessica Núñez tenía cuarenta y cuatro.
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