En Los Chaleses exigen conexiones domiciliarias de luz
Estas familias, que son unas treinta, escuchan desde meses lo mismo: que sí, que ya tendrán luz, que esperen, que todavía no.
—Anoche puse a cargar el celular y se derritió el cable —dice.
Él es un chico joven, de unos treinta, que está junto a otro hombre. Ese hombre también habla y cuenta que a él se le quemaron dos heladeras.
Son las seis y media de la tarde del sábado 21 de febrero y ambos están de pie junto a una mesa, bajo los árboles, en la que están sentadas mujeres. El cielo está cargado, pero solo hay una llovizna floja que dura poco.
—¿Cómo es que llamaron a este sector? —pregunta una mujer.
Ella, que hace la pregunta, intenta recordar cómo denominó la Municipalidad de Villa María a este sector de barrio Las Playas, Los Chaleses, al sureste de la ciudad, cuando el 28 de enero de 2025 operarios que trabajaban en la obra del Arco Sudeste de la Circunvalación rompieron con una retroexcavadora un ramal del gasoducto que produjo un incendio y una explosión que terminó con una familia quemada, un padre y un hijo muertos.
Ella, que hace la pregunta e intenta recordar, se acuerda.
—Zona de riesgo.
Lo que ella dice es que, un año después, los funcionarios olvidaron que todavía es una «zona en emergencia y desastre», como también se la denominó durante aquellos días para que el gobierno de la provincia de Córdoba destine fondos y se pueda asistir a los vecinos. Lo que ella dice, además, es que esa explosión mostró que en Los Chaleses no había servicios: ni luz, ni agua, ni cloacas, ni gas, ni recolección de residuos, ni regador, ni mantenimiento de espacios verdes. La explosión mostró esas faltas y, a la vez, la preocupación de los funcionarios para que esas faltas no se vean ante los medios de comunicación. Por esos días, por eso, hubo gente acomodándoles el barrio, juntando basura, cortándole cañas, yuyos, pastizales.
A mediados de septiembre del año pasado, la Municipalidad inauguró allí la obra de agua potable que «beneficia a 72 familias», según informaron de manera oficial. Comunicaron también que las familias tienen cloacas. Las familias, en cambio, aseguran que no.
Mientras tanto, estas familias insistieron. Hablaron con funcionarios: con Ángel Quaglia de la Secretaría de Servicios Urbanos y, principalmente, con el subsecretario de esa área, Rubén Aquiles. El Municipio buscó metros de cable y les hizo la conexión irregular, pero no del todo: algunos vecinos tuvieron que intervenir y conectaron el cable a un transformador que, con el consumo, no alcanza a abastecer a todos.
Estas familias no quieren estar conectadas de manera irregular al tendido. Quieren la bajada de luz.
—Queremos pagar —dice el hombre.
El hombre, después, comenta que hace rato que Quaglia y Aquiles no van al lugar.
—Dicen que se sienten intimidados.
Estas treinta familias viven en Los Chaleses desde hace dos, tres, cuatro años.
—Tengo que ir a lavar la ropa de mi nuera —dice una de las mujeres.
—No podemos prender ni un ventilador. No va, se apaga —suma otra.
—Queremos vivir dignamente —sigue la primera.
—Si te querés bañar con agua caliente tenés que prender el termotanque a las siete de la noche para ducharte a la una de la mañana.
Todavía puede pasar que se calienten los cables y haya un chispazo y ojalá no un incendio. Todavía puede quemarse un electrodoméstico más. Todavía puede seguir pasando porque, a veces, pasa. Todavía nadie sabe cuándo tendrán luz.
«Todavía» es una palabra vaga, difusa, imprecisa. Podría, sin embargo, ser más precisa y hablar de la espera, describirla, contar si son un par de semanas o un mes o dos meses. De todos modos, depende de quién la dice y de la manera en que la dice porque esa palabra puede ser, incluso, una de las tantas que se dice para no decir nada, para evitar.
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