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Detención de limpiavidrios: sin una política de fondo, el Municipio vigila la pobreza en lugar de prevenir el delito

Cuando la ciudad adhirió a la ley provincial, policías empezaron a detenerlos. La docente Gimena Loza, que investiga el tema, habló al respecto.

—Cuatro —dice mientras el semáforo le da paso a los autos, a las camionetas, a las motos.

Él, que no debe tener más de treinta años, habla de la cantidad de veces que entró y salió del calabozo por limpiar vidrios en Villa María y en Villa Nueva. Ahora, esta mañana, está otra vez intentando limpiar a cambio de algún billete. Cuando el semáforo vuelve a dar verde, habla un poco más.

—Te tienen unas ocho horas y te largan —dice.

En esta esquina, con él, andan otros dos chicos que parecen más jóvenes. Ninguno, en este rato, limpia nada. Quienes manejan, con la mano nomás, les dicen que no.

 

Limpiar vidrios es, según el Código de Convivencia de la provincia de Córdoba, una contravención, una falta, una infracción. En Villa María, el Concejo Deliberante, sin el acompañamiento de la oposición, aprobó en junio el decreto municipal que adhiere a la ley provincial que prohíbe el trabajo de los limpiavidrios y los “naranjitas”.

Quienes limpian vidrios en esta ciudad, afectan la «paz social» que defiende la Municipalidad a través del intendente y de sus funcionarios, y también en los posteos de redes sociales. «La paz social no se negocia», publican, difunden, repiten.

—Lo tienen como un eslogan —dice.

La que habla, ahora, es Gimena Loza, docente universitaria que investiga delito, seguridad y conflictividad.

—Lo que hacen es estigmatizar o implantar un ideal en el cual no todos quedan adentro. Es como esta idea en el gobierno nacional de la “gente de bien”. Si hay gente de bien quiere decir que hay gente que no es de bien. Y se torna muy peligroso porque empezás a ver al otro ya no como un vecino, sino en términos de una rivalidad o de un enemigo —explica.

 

Peligroso es controlarlo todo.

—La lógica del Gran Hermano —sigue Loza.

Ella, entonces, se pregunta por el uso de las cámaras porque en Villa María los limpiavidrios son rastreados desde la Central de Monitoreo.

—¿Para qué las usamos a las cámaras? ¿Qué propósito les vamos a dar? Porque no puede ser que haya un regodeo de cuántos pibes limpiavidrios filmamos y vamos a buscar. No digo que el tema de las cámaras esté mal. Son todos insumos que sirven, pero sirven cuando hay una política clara, cuando uno sabe qué es lo que lo que va a buscar.

 

Cuando no hay una política clara, ni acompañamiento, ni contención, la salida es sencilla: para quitar a los limpiavidrios, para que no sean vistos, se los prohíbe y detiene. Y ellos, al momento de ser detenidos, se entregan.

—Viven esto con mucha incomodidad. Es una persecución. Ni siquiera salen corriendo. No hay resistencia —habla Loza.

 

Hay resignación.

Desde hace más de un mes, la Policía envía partes de prensa en los que informa las detenciones y las edades de los detenidos, y en los que adjunta fotos de ellos —de espaldas—, de las escobillas, de los baldes o bidones y, a veces, videos. El lunes siguiente al fin de semana del 8 y 9 de agosto, cuando la Policía arrestó a varios limpiavidrios, Loza hizo un posteo. Escribió: «No los detuvo por robar. No los detuvo por agredir a nadie. Los detuvo por trabajar con un balde, una escobilla y agua con detergente».

 

La Municipalidad, para justificar la presencia de las cámaras de seguridad y asegurar la «paz social», reproduce el objetivo que quieren cumplir: “Hacer más segura la ciudad”. Loza piensa en lo que ocurre con la “tecnología de seguridad” cuando no hay una política de fondo que la oriente. Piensa que no se previene el delito. Piensa, en cambio, que se vigila la pobreza.

—Hay varones denunciados por violencia de género que sería muy conveniente que las cámaras vigilen. ¿A dónde están esos varones cuando rompen las órdenes de restricción? —pregunta después.

 

Varones y jóvenes, por lo general con trayectorias educativas interrumpidas, son quienes limpian vidrios.

—Y están atravesados por situaciones de consumo —dice Loza.

Ellos, que incluso tal vez no han conocido otra cosa, suelen quedarse en la misma esquina siempre, pero también suelen cambiar, y por eso no se sabe cuántos están en esa situación.

—Es una población muy dinámica. Van itinerando; a veces consiguen una changa y se van a hacer otra cosa. Después, si ese trabajo no funciona o se termina, vuelven.

Hay otros que no son de Villa María y regresan a sus localidades. Hay, incluso, los que empiezan a limpiar vidrios porque se quedan sin trabajo y por algo hay que empezar.

—Sobre todo, en una coyuntura donde la realidad económica y laboral es muy compleja. Es muy simple de decir: “No les gusta laburar”. Todos sabemos que, cuando pones en tu currículum de qué barrio sos, hay barrios que no están bien vistos. Es muy difícil que te den un laburo.

 

Hay mucho prejuicio.

—Que por los cortes de pelo, por la ropa, por cómo hablas. Hay muchas construcciones simbólicas en torno a cómo tiene que ser una persona.

 

Lo mismo pasa con la gente en situación de calle, entre la que hay limpiavidrios. Loza los conoce porque también integra el grupo «Brigada Solidaria», que todas las semanas entrega viandas a quienes no tienen dónde pasar la noche. Ahora, aparte de las viandas, a las mujeres les están repartiendo kits menstruales.

 

—Les hace bien sentirse escuchados, como a cualquiera. Tienen ganas de conversar. A ellos no les gusta pasar frío ni pasar calor ni tener que soportar los insultos de la gente. Lo están haciendo porque es eso antes que salir a robar. Entonces, son necesarias políticas —comenta Loza.

Y ante todo, un diagnóstico.

—Certero, profundo, localizado en la realidad de Villa María.

Esa es la manera de que el trabajo con ellos tenga sentido. Hasta ahora, no hay nada.

—Ni el municipio ni el gobierno de la Provincia han ofrecido una alternativa para que esos chicos estén en otro lugar, laburen de otra cosa, hagan otra cosa. Para que no estén en la calle —dice luego.

 

Loza insiste.

—A las respuestas las tiene que dar el Estado.

Detener limpiavidrios lleva tiempo: recursos. 

—La Guardia Urbana que va, el patrullero que va, el policía que en vez de estar haciendo otra cosa está deteniendo al limpiavidrios, el lugar en la comisaría —dice e incluye, entre las cosas por hacer, el procesamiento al Juzgado de Faltas.

Así, hay chicos que entran a la comisaría y salen. Que vuelven a entrar y salen otra vez.

—La trampa es creer que el problema son estos pibes, que les gusta esta puerta giratoria o este círculo vicioso. Y tal vez se puede canalizar por otra vía como la oficina de empleo, el área de Desarrollo Social, Educación, Salud, ¿no?

 

¿No?

 

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