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Atropelló a su perro, lo dejó abandonado, no se hizo cargo y el animal murió

Sucedió el martes 10 de marzo, a eso de las diez de la mañana, en la esquina de Intendente Correa y cortada Avellaneda, en barrio Nicolás Avellaneda.

—Supuestamente, no lo vio —dice.

La que habla es Camila. Está contando que el martes 10 de marzo, a eso de las diez de la mañana, un hombre en un camioneta que venía por calle Intendente Correa dobló en cortada Avellaneda, en barrio Nicolás Avellaneda, y atropelló a su perro, llamado “Pupi”.

—Estaba en la orilla de la calle, echado —sigue.

Camila, que estaba trabajando, se enteró de lo que había pasado por su madre; ella la llamó para avisarle que vio al hombre y a la camioneta, porque cuando sucedió el choque estaba baldeando.

—Dobló con toda la chata —dice que le dijo la madre.

 

Como su madre sabe quién es el hombre, ella intentó buscarlo. No pudo. Sin embargo, consiguió su número y lo llamó. Él atendió.

“Necesito que me cubras los gastos”, le dijo. Tenía poco dinero porque había gastado en el alquiler. Él, según dice Camila, contestó: “No tengo perro, lo hice sin querer. Si al mío le pasa lo que al tuyo, le meto un cuetazo en la cabeza”.

 

Camila llevó al perro quebrado, en moto, a la veterinaria. Y, mientras lo llevaba, se cruzó al hombre. “Necesito la plata”, le insistió. Él contestó: “Ahora hablo con mi patrón y lo que me dé, te lo paso”.

 

—Tuve que poner 200 mil pesos —dice.

Según el informe radiológico de la veterinaria, el perro sufrió «fractura femoral izquierda mediodiafisiaria conminuta con desplazamiento angular, fractura isquiática izquierda simple, fractura púbica izquierda y fractura del cuerpo ilíaca derecha con desplazamiento angular».

Después recibió el llamado del hombre. Le dijo que no había podido juntar el dinero y que, cuando lo consiguiera, se lo mandaba.

 

Mientras, pensó en denunciar al hombre, pero no lo hizo. ¿La Justicia podría haber respondido de alguna manera? Se preguntó, incluso, si quizás el seguro de la camioneta podría hacerse cargo de los gastos. 

 

La operación tenía un costo de 800 mil pesos y ella no los tenía. Tampoco pudo reunirlos.

—El perro no resistió. Sobrevivió tres días —dice ella la noche del viernes 13 de marzo Camila.

Murió en su casa. “Pupi” tenía unos quince años y hacía diez que vivía con ella.

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