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Arte, basura y la ficción de la sustentabilidad en el Festival de Peñas

«Memorias flotantes» es una obra de Martín Enricci instalada en el lago y algunas de las piezas fueron arrastradas por el río.

«Memorias flotantes» es una instalación pensada y desarrollada por Martín Enricci en el marco de la 58º edición del Festival de Peñas de Villa María, durante el último verano. Para realizarla, gestionó los permisos correspondientes con la Municipalidad y coordinó con ingenieros municipales las cuestiones logísticas. En una entrevista, Enricci explicó que, junto a estos ingenieros, diseñaron anclajes específicos para las piezas porque las colocaron en el lago: la corriente del río se dirige hacia las compuertas y las piezas —que según él están ancladas con una varilla metálica de diámetro diez de un metro y medio en el lecho— podían ser arrastradas por el río. Era uno de los riesgos y, de hecho, algunas fueron arrastradas. 

 

La instalación contaba con 58 piezas —una por cada edición del Festival— hechas con material de descarte, por lo que fue presentada como una propuesta, al menos en algunos medios, de “arte sustentable”. Los materiales utilizados fueron, chapa, polietileno expandido (plástico flotante) y botellas reutilizadas para la base de las chapas: en conjunto formaron los irupés. Además, cada uno tenía dispositivos LED alimentados por paneles solares que iluminaban la superficie del agua. 

 

Sobre la cantidad total de plástico usado, Enricci recordó que se usaron flotantes de una empresa que no los empleaba porque estaban “fuera de servicio” y alrededor de doscientas botellas de plástico.

 

Los irupés de chapa, con plástico y luces led, ya no son 58. Con la última crecida, quedaron 34. Enricci también habla de los que faltan: “A varios se los han robado. Hemos visto gente que tiene irupés en su casa, pero yo no lo puedo controlar, de la obra ya me despegué. El control lo tiene que hacer el propio Municipio”. Sin embargo, el viernes 6 de marzo, un medio local publicó una noticia que muestra dos irupés atascados en las compuertas.

Los que aún permanecen en el lago, al estar parcialmente desarmados, muestran la fragilidad de una obra que pretende ser permanente.

 

Mientras tanto, el Municipio informó y celebró a través de un parte de prensa que el Festival se consolida como evento sustentable, “ratificando una política integral del cuidado del ambiente” en el marco del programa Córdoba sostenible 2030. “Entre las principales medidas implementadas se destaca la protección del entorno natural, evitando la intervención en áreas sensibles y controlando el montaje de estructuras para minimizar el impacto del suelo y árboles”, explicaron. El comunicado afirma, incluso, que el Festival es uno de los pocos eventos de la provincia que cumple integralmente con los doce ejes de sostenibilidad, que refleja el compromiso del intendente y todo su equipo, y que posiciona a la ciudad ya no solo como referente provincial, sino también nacional en organización de eventos culturales responsables. 

 

Enricci cuenta que donó las obras al municipio y que son ellos los que deben realizar el mantenimiento. “Una vez cada tanto tendrían que pintarlas, acomodarles la flotabilidad. Pero, en definitiva, los irupés están ahí y van a seguir estando mientras la gente y el Municipio quieran”, dice.

 

La “megainstalación” que pretendía “resignificar el espacio acuático como un nuevo escenario de expresión cultural para la ciudad” terminó mostrando que, cuando esa expresión cultural no asume una responsabilidad artística, se vuelve apenas una práctica cultural más dentro de las lógicas de consumo y descarte:  y en lugar de arte lo que se generó fue basura. La propuesta, atada a la idea de memoria, es descartable. 

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